A estas alturas ya todo el mundo ha oído hablar del dichoso volcán de nombre impronunciable que tiene paralizados los aeropuertos de la mayor parte de Europa, esto ya no es noticia. La noticia son las consecuencias nefastas sobre los afectados: compañías aéreas y pasajeros. Y lo peor de todo es la impotencia de no poder prever cuánto más va a durar esta pesadilla y qué más consecuencias nos puede traer a todos. Los que tenemos la dudosa suerte de trabajar en un aeropuerto, y digo dudosa porque en los tiempos que corren es una suerte trabajar, aunque no en estas condiciones, llevamos días contemplando con estupor cómo estudiantes de apenas 18 años sin un euro se ven encerradas en un aeropuerto sin saber hasta cuándo y sin saber muy bien qué va a ser de ellas si esta situación se ve prolongada aún más, cómo familias enteras de 6 miembros acogen la noticia de que van a tener que pasar al menos una semana más en un país en el que no tienen a nadie sin un duro, sin comida, y con un bebé de apenas 3 meses, pero también cómo algunos desalmados se aprovechan de su precaria situación. Ya se han puesto en marcha los servicios de transfers ilegales que ofrecen a los más desesperados pasajeros viajes a sus países de destino a precios abusivos y sin ninguna garantía de que no les vayan a dejar en una cuneta a medio camino. Algunas empresas de alquiler de coches han subido sus tarifas durante estos días para aprovechar el tirón, y las que no lo han hecho a esta hora ya no tienen ni una mísera bicicleta en su flota para ofrecerles. Renfe tiene la mayoría de sus trayectos al Norte de Europa completos hasta la próxima semana, pero la huelga de trenes en Francia complica aún más el traslado de pasajeros de España al Norte de Europa. El caos se ha apoderado del viejo continente y el temor de que esta situación perdure acecha sobre nuestras cabezas.

Por otra parte no parece que la nube volcánica tenga la intención de desaparecer pronto de nuestras vidas, más bien todo lo contrario. Ya ha empezado a afectar directamente a los vuelos nacionales, durante ayer y esta mañana varios aeropuertos han permanecido inoperativos y en las próximas horas la masa de cenizas volcánicas podría provocar el cierre de otros tantos aeropuertos en nuestro país.
Algunos expertos ya han descrito el efecto que tendría sobre una aeronave atravesar una nube de ceniza volcánica, sería como pasar el avión por una piedra pómez a 900 kilómetros por hora. Incluso los menos entendidos en aviación nos podemos hacer a la idea de qué pasaría. El dióxido de azufre de la nube absorve el vapor de agua conviertiéndose así en ácido sulfúrico, potente abrasivo que corroe las superficies provocando microgrietas en el fuselaje. Química pura y dura de bachillerato. Mejor no desafiar a la ciencia, siempre tiene todas las de ganar.
Pero según algunos expertos parece que existe una amenaza aún más poderosa que el susodicho volcán, y es su vecino el Katla, otro volcán mucho más grande y muy cercano que lleva dos años mostrando actividad y que podría entrar en erupción en breve, según geólogos expertos de Islandia. Parece que este volcán podría provocar una nube de ceniza aún más alta y que podría afectar a todo el planeta. Que Dios nos pille confesados.
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