Hace unas semanas los periódicos gabachos publicaron que Carla Bruni le había puesto los cuernos a Sarkozy, y que éste también había hecho lo propio para no quedarse atrás, porque no es lo mismo ser un enano cornudo que un enano cornudo pero también infiel. Pues bien, el mismísimo Sarkozy hoy ha desmentido en rueda de prensa convocada para otros menesteres menos oficiosos tales afirmaciones. Imaginaron nenes, rueda de prensa para hablar asuntos de Estado tales como la crisis o la subida del paro, y un periodista pregunta: "señor Sarkozy, ¿nos puede decir qué medidas piensa implantar para reducir el gasto público? Y para terminar, se dice que su esposa le ha puesto los cuernos con un chulazo de metro noventa, ¿qué tiene que decir al respecto?". Pues yo diría que normal, que el tamaño importa, pero Sarky dijo que todo era mentira. ¡Ay que joderse! Que un periodista pregunte tiene su aquel, pero que un señor presidente de la República conteste eso ya roza el ridículo. Esto pasa en Francia, un país que intenta darnos ejemplo de buen gusto y exquisitez, el país del glamour. Pues francamente nenes, no me imagino yo que en mi país de pandereta que huele a ajo y fritanga (según la erudita doña Victoria Beckham, miembra de la Real Academia de las Letras de papel couché) un periodista tenga la poca vergüenza de preguntarle a Zapatero: "señor presidente, ¿cómo va su vida sexual? ¿Su mujer está a la altura o podría mejorar?" y a ZP respondiendo: "hombre, siempre se puede mejorar, estamos trabajando en ello".Sarkozy ya ha pedido la cabeza del periodista que aireó los secretos de alcoba de la extraña pareja como era de imaginar, porque otra cosa no, pero a los gabachos se les da muy bien cortar cabezas. Pero el valiente periodista ha contraatacado diciendo que hasta los mismos servicios secretos han investigado este tema, y sobre todo quién ha sido el indiscreto o indiscreta que ha soltado el bulo. Parece que tenemos culebrón para rato, más que con Pantoja y Cachuli...
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